Técnicas de manipulación emocional
La manipulación es universal. Desde que nacemos intentamos que otros hagan, piensen o sientan como a nosotros nos gustaría. Los niños aprenden que si tienen una rabieta en un lugar público, consiguen lo que quieren. Cuando somos adultos y queremos lograr que otro haga algo también manipulamos. El problema viene cuando somos víctimas de una manipulación continua.

Una de las virtudes de los manipuladores es que conocen bien a las personas, algo necesario, ya que no todo el mundo se deja manipular. Normalmente, si tenemos una autoestima sana y un buen concepto de nosotros mismos, es mucho más difícil que nos manipulen. Por el contrario, caeremos más fácilmente víctimas de la manipulación si nuestra autoestima es baja y no nos queremos demasiado. El manipulador ha aprendido a “leer” nuestra autoestima, y por ello elegirá a determinadas personas a las que manipular.

Cualquiera puede ser un manipulador. Nuestros padres, hermanos, pareja, hijos, compañeros de trabajo… Las técnicas que utilizan pueden ser diferentes, pero todas tienen en común que utilizan las emociones básicas para manipularnos. Por ello nos manipulan haciéndonos sentir culpables, avergonzándonos de no actuar como ellos desea, despreciándonos, alabándonos o utilizando el chantaje emocional.

Es por ello que nos hacen sentirnos culpables, lloran o nos dicen frases como “con lo que yo he hecho por ti” “¿Cómo has podido?”, “si me quieres…”

También se erigen como jueces, determinando lo que está bien o está mal, indicándonos lo que deberíamos haber hecho, lo cual nos hace sentirnos culpables y avergonzados de nosotros mismos.

Los manipuladores también son muy generosos, pero por su interés. Saben que si alguien que te ha hecho un favor luego te pide otro, es mucho más difícil para ti negarte.

Pero debemos tener algo en cuenta. Para que exista un manipulador, debe habar alguien que se deje manipular.