Tener un hombro donde llorar
Dentro de la tristeza que se siente en tantos momentos de la vida, una de las lecturas positivas que tiene el sufrimiento humano es el amor que surge a través del consuelo y el reconocimiento. Cuando estás en un momento de debilidad, descubres que una mano amiga surge cuando más la necesitabas. Incluso, cuando menos lo esperabas.

La empatía toca el corazón

La empatía toca el corazón de cerca, por ello, es posible que alguien ofrezca su ayuda a otra persona en un momento de debilidad más allá de no tener un nexo de unión muy profundo. De hecho, situaciones de este tipo pueden marcar el punto de inflexión en una relación que crece a partir del momento en el que una de las partes confía algo íntimo al otro.

Poder contar con otra persona te ayuda a sentirte escuchado y también, reconocido. Poder hablar de ti frente a un tercero te permite sentirte querido y valorado. Consciente de que aquello que te pasa importa.

Sin duda, para poder tener ayuda, es vital abrir el corazón. Las personas que son desconfiadas al extremo de creer que no pueden contar nada de sí mismas a un tercero, porque ese alguien, luego puede contarlo, no se dan la oportunidad de crear relaciones de confianza.

Tener un hombro donde llorar

El poder del cariño

El cariño es un parche emocional del dolor, una tirita que alivia las heridas en un primer momento. Un buen refugio en el que recuperar fuerzas para volver a empezar de nuevo. Es un signo de sabiduría darte la oportunidad de sentirte vulnerable y llorar tu pena. El simple hecho de exteriorizar aquello que te pasa, te alivia de forma inmediata. Por tanto, cuando tengas una etapa de dolor que te desborda, pide ayuda. Merece la pena.