¿Tienes mala suerte o te saboteas?
A menudo atribuimos la imposibilidad de lograr aquello que queremos a la mala suerte. Si tenemos todo a favor, se dan todas las circunstancias favorables para que, por fin, logremos nuestro sueño y éste no se realiza, no se puede deber nada más que a un desafortunado golpe de mala suerte que, una vez más, nos impide conseguir aquello que deseamos o cambiar lo que queremos cambiar.

Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, esta mala suerte no es tal y somos nosotros mismos quienes, sin ser conscientes de ello, estamos impidiéndonos progresar y avanzar. Muchas veces somos nosotros mismos los que nos estamos impidiendo ser felices.

Esto se debe, sobre todo, a la creencia inconsciente de que no merecemos ser felices, de que no valemos lo suficiente para serlo o de que no podemos serlo mientras quienes están a nuestro alrededor, amigos, familia, etc., no lo son. Esta creencia nos lleva a poner en marcha una serie de mecanismos que hacen que, cuando un área de nuestra vida comienza a desarrollarse tal y como siempre hemos deseado y de acuerdo a todo el esfuerzo que hemos realizado para conseguirlo, nos dedicamos a sabotearla.

Así, si lo que deseamos es tener muchos amigos, cuando por fin lo logramos, nos dedicamos a discutir con ellos y a crear desavenencias que finalmente, nos separan, y así en cualquier aspecto de nuestras vidas. Y así lo haremos mientras mantengamos viva dicha creencia.

Para eliminarla, es aconsejable escribir todas aquellas ocasiones en las que estuvimos a punto de lograr lo que queríamos y no lo logramos, o lo logramos, pero al poco se estropeó todo. De ese modo, podremos descubrir un patrón de pensamiento.

Una vez lo hayamos identificado, debemos desactivarlo, reformulándolo y reemplazándolo por una creencia positiva. Una vez lo hayamos hecho, deberemos internalizarlas, creer en ellas. Cambiando nuestras creencias, aceptando que merecemos tener amigos, tranquilidad económica, ser amados o tener éxito profesional, nos permitiremos conseguirlo.