Todo lo que nos enseñan los enfermos de alzhéimer
El alzhéimer representa la pérdida progresiva de recuerdos, sin embargo, la falta de memoria de los enfermos no impide que podamos aprender grandes lecciones de humanidad gracias a su bondad. Uno de los aprendizajes importantes es pensar en personas y no en enfermos. Es decir, más allá de los rasgos comunes que representa la enfermedad marcada por una progresiva dependencia, cada paciente es único e irrepetible.

Los enfermos de alzhéimer nos enseñan que el lenguaje del cariño es universal y, a veces, no es necesario expresar palabras para poder responder de un modo positivo ante una caricia. Cuando coges de la mano a un enfermo de alzhéimer, en la mayoría de las ocasiones, reacciona con alegría ante ese contacto que muestra la proximidad física y emocional que necesita todo ser humano en cualquier momento de su vida. El cariño es un antídoto contra la soledad.

El misterio de la mente

El misterio del ser humano y del cerebro es infinito desde el punto de vista filósofico. Resulta sorprendente que una persona que tiene pocos momentos de lucidez, de pronto, pueda recordar con nitidez, tal vez sin ser consciente de ello, una información veraz. Pero también es un misterio, que en el diálogo ilógico que surge con una persona que ha perdido su memoria, puedas admirarte de la coherencia que tienen algunas de sus palabras, incluso aunque esas palabras sean una respuesta que no tiene relación a modo de causa y efecto con la pregunta que tú planteaste.

Todo lo que nos enseñan los enfermos de alzhéimer
Es muy importante estimular el cerebro de un enfermo de alzheimer, charlar con esa persona, hacerle preguntas y atenderle sin el prejuicio negativo de considerar que aquello que va a decir no tiene valor. Todo aquello que expresa un enfermo de alzhéimer, incluso cuando está en una etapa avanzada de su enfermedad tiene valor porque es una forma de comunicación. Es fundamental buscar el contacto visual en la charla.

El valor del amor

Los enfermos de alzhéimer nos enseñan el inmenso valor que tiene la presencia de una persona a la que quieres que puede que ya no te recuerde y que, sin embargo, te hace feliz con el simple hecho de saber que está ahí a tu lado. Porque a veces, el enfermo no sabe el nombre de aquella persona que le acompaña la mayor parte del tiempo, y sin embargo, sí diferencia a ese alguien próximo de otras personas distantes.