3 imperativos destructivos que nos decimos a nosotros mismos
El imperativo muestra esa orden que un profesor envía a sus alumnos, un jefe a sus empleados, un padre a sus hijos o cualquier persona a otra de su entorno. Son mensajes expresados de un modo directo, firme y con autoridad. Sin embargo, los imperativos también pueden ser internos. Taibi Kahler experto en Análisis Transacional pone nombre a pensamientos que cada uno de nosotros tenemos tan arraigados en nuestra conducta que ya parece incluso que forman parte de nuestra propia naturaleza.

Muchos de estos pensamientos que, en apariencia, tienen un mensaje positivo, en realidad están llenos de carga negativa. Este es el ejemplo de uno de los mensajes más repetidos en la sociedad actual: “Tengo prisa”. No pasa nada por decinos esto a nosotros mismos en ocasiones concretas, sin embargo, es agotador vivir con el tic-tac a cuestas. Desde el punto de vista del autor, estos motivadores o impulsores de nuestra personalidad, son en realidad, un freno limitante.

El imperativo: Sé fuerte

Este pensamiento que expresado en su contexto adecuado y en su dosis justa puede ser constructivo, deja de serlo cuando no nos permitimos ni un mínimo de debilidad. En realidad, cuando una persona se dice tanto a sí misma este mensaje debería hacerse esta pregunta: ¿Para qué quiero ser fuerte?

A ello, me gustaría añadir: ¿Acaso ser más fuertes nos hace ser más felices? Es decir, conviene romper con el disco rayado de esta idea fija e inamovible en la memoria ya que en muchos momentos, lo que tenemos que hacer es expresar esas emociones que nos hacen sentir vulnerables. Además, la verdadera fortaleza a nivel humano surge de la capacidad que tenemos como personas de reinventarnos a nosotros mismos en situaciones de dolor buscando nuevos motivos para la acción.

3 imperativos destructivos que nos decimos a nosotros mismos

Imperativo categórico: Sé perfecto

Vivimos en una sociedad en la que recibimos informaciones constantes que nos llevan a la idea de que para ser aceptados y queridos tenemos que ser perfectos. Solo tienes que echar un vistazo a algunas de las publicaciones de belleza femenina para observar la falta de objetividad al describir el canon de belleza estética a costa de estigmatizar conceptos como celulitis y kilos de más.

Este “sé perfecto” no solo puede notarse en relación con la imagen sino también, en el plano profesional puesto que hoy en día, vivimos la paradoja de que profesionales con un currículum muy completo están realizando un trabajo que requiere un bajo nivel de formación y experiencia. Además, muchas de las ofertas de empleo publicadas en las bolsas de trabajo online muestran requisitos imposibles de cumplir por una sola persona.

3 imperativos destructivos que nos decimos a nosotros mismos

El imperativo: Esfuérzate

Ante este imperativo, en nuestra propia mente puede surgir una especie de eco que le lleva la contraria: “¿Que me esfuerce más?”. Cuando nos decimos este mensaje de un modo constante es como si nunca estuviésemos dándolo todo, como si tuviésemos que desgastarnos continuamente por alcanzar una meta.

Tienden a tener este tipo de imperativo muy interiorizado aquellas personas que miden su propia valía por sus resultados externos.

A partir de estos imperativos que a veces convertimos en norma, a mí me gustaría decirte que incluso los superhéroes tienen un punto débil, que tu verdadera perfección reside en tu imperfección y que incluso el esfuerzo tiene un límite. De lo contrario, no descansarás nunca. Es decir, no se trata de que estos imperativos sean malos por sí mismos sino que se convierten en negativos cuando nos los decimos en exceso o se los repetimos constantemente a alguien cercano a quien cargamos con unas expectativas inhumanas.