Tricotilomanía: Arrancarse el cabello
La tricotilomanía, definida así por el dermatólogo francés François Henri Hallopeau, se incluye dentro de los trastornos del control de impulsos y lleva a quien la sufre a arrancarse compulsivamente tanto el cabello como el vello de las distintas partes del cuerpo, que puede producir desde pequeñas pérdidas del mismo hasta una calvicie severa si el comportamiento es muy obsesivo.

Como ocurre en otros trastornos similares, como piromanía, onicofagia, cleptomanía o ludopatía, el paciente sufre una gran tensión, que sólo logra mitigar mediante el acto de arrancarse el cabello, y una vez lo ha hecho, siente un gran alivio y desaparece la ansiedad. Por ello existen algunos autores que la incluye dentro de los trastornos obsesivo-compulsivos. Aunque los efectos de la conducta sean visibles, el paciente niega siempre tener tal hábito.

El lugar de dónde habitualmente el paciente se arranca el cabello es la cabeza, y después suele hacerlo de las cejas, pestañas, la cara, los brazos y las piernas. En el caso de los niños, el trastorno se limita exclusivamente al cabello.

Dado que este trastorno termina por afectar a la imagen de quien lo sufre debido a la pérdida de vello o cabello, suele conllevar una pérdida de la autoestima y un miedo a relacionarse con los demás por miedo a que se burlen de su aspecto. También pueden presentar infecciones, heridas, e incluso obstrucciones intestinales si además de tricotilomanía sufren tricofagia, es decir, que se tragan el cabello después de arrancárselo.

No existe una causa específica de este trastorno, aunque está relacionado con la ansiedad y la depresión, y también se ha dado en pacientes con estrés postraumático.

El tratamiento incluye psicoterapia, dirigida a la modificación de la conducta para establecer otros patrones cuando el sujeto sufre ansiedad o estrés. Los medicamentos utilizados son ansiolíticos y antidepresivos.