Tu postura te da confianza
La postura es un claro indicador de cómo nos sentimos. Si caminamos con los hombros hundidos, la cabeza agachada y casi arrastrando los pies, cualquier persona que nos vea sabrá que estamos tristes y deprimidos y que en ese momento dudamos realmente de nuestra propia valía. Lo mismo ocurre cuando, ante alguna metedura de pata o ante una situación vergonzosa nos encogemos sobre nosotros mismos, lo que significa que deseamos desaparecer y hacer como si ese momento no hubiera ocurrido nunca.

Pero al igual que la mente influye en el cuerpo, el cuerpo influye en la mente, y si cómo te sientes influye en tu postura, la postura que adoptes influirá también en tus sentimientos. Tanto es así que, según varios estudios, la postura que adoptemos influye en la opinión que tenemos de nosotros mismo e incluso en cómo nos ven los demás, ya que con la postura estamos enviando muchos mensajes no verbales.

Y esto sucede porque la postura refuerza nuestras creencias. Si en algún momento tenemos algún pensamiento negativo sobre nosotros mismos, como que no somos bastante buenos para desempeñar algún trabajo o realizar una determinada tarea y esta idea la acompañamos de una postura que trasluzca dichos sentimientos (espalda encorvada, cabeza agachada), nuestra creencia será más fuerte y tendremos peor imagen de nosotros mismos.

Pero si ese mismo pensamiento lo acompañamos de una postura que implique autoconfianza (espalda erguida, mirada al frente y pecho hacia afuera), nos valoraremos de una forma mucho más positiva, ya que nuestro cuerpo está negando dicha idea.

Por ello, aparte de que cuidando nuestra postura cuidamos de nuestro cuerpo, la próxima vez que te dejes caer sobre una silla de cualquier manera piensa en el mensaje que estás transmitiendo tanto a ti mismo como a los que te rodean.