Vemos y oímos sólo lo que nos interesa
Vamos por la autopista y parece que, cojamos el carril que cojamos, siempre terminamos en aquel en el que el atasco es mayor, mientras que en el de al lado los coches avanzan con toda comodidad. Algo parecido ocurre cuando hacemos la compra. No se sabe por qué, pero siempre nos ponemos para pagar en la cola de la cajera que va más lenta, mientras que las demás avanzan a buen ritmo. Esto no es el resultado de una mala suerte que nos persiga a todas partes, sino que se debe a la perfección selectiva.

Nuestro cerebro percibe cientos de estímulos a diario, pero no todos son recibidos con la misma importancia, ya que nuestra mente hace una selección de los mismos, momento en el que entra en juego la percepción selectiva. Esta percepción es la responsable de que no veamos ni oigamos las cosas como realmente son, sino que lo hacemos siempre teniendo en cuenta nuestras necesidades.

Se trata de un proceso psicológico del que pocas veces somos conscientes, Seguramente más de una vez te han dicho que sólo oyes lo que quieres oír o ves lo que quieres ver, ignorando el resto de la conversación o estímulos visuales. En realidad no hemos ignorado ninguna parte de la conversación, sino que hemos seleccionado aquella que más nos interesa.

Íntimamente relacionado con este hecho está lo que se conoce como efecto halo, que consiste en juzgar cómo es una persona, lugar o hecho sólo por una mala experiencia. Si vamos a un restaurante y no nos gusta la comida, decidimos que es malo. Si una persona no nos saluda por cualquier circunstancia, entonces es antipática. Una vez que hemos decidido cómo es esa persona o lugar, nuestro cerebro sólo se fijará en los rasgos que justifican dicha creencia, ignorando los que vayan en contra dela misma.