Ventajas emociones de la vida en el pueblo
El lugar en el que una persona vive es una condición que puede influir en positivo o negativo en su calidad de vida. Vivir en un pueblo tiene sus ventajas pero también, sus inconvenientes como ocurre en una gran ciudad. Sin embargo, los pueblos sí son un patrimonio universal de tranquilidad, algo que es muy valorado por tantos turistas que durante el verano eligen un destino relajado para pasar unos días de vacaciones. ¿Cuáles son las ventajas emocionales de vivir en el pueblo?

Mejora la gestión del tiempo

En las grandes ciudades los desplazamientos son tan amplios que la persona dedica gran parte de su jornada a recorrer trayectos para ir de un punto a otro. Esto hace que sea más difícil improvisar planes en función del estado de ánimo, de la agenda o quedar con amigos que a pesar de vivir en la misma ciudad se encuentran a más de una hora de distancia en coche.

La vida del pueblo se simplifica gracias a las rutinas de siempre y a esos encuentros casuales que se producen en la calle. Por el contrario, en una gran ciudad, esos encuentros son muy poco frecuentes y se produce una mayor distancia personal entre vecinos. Esto supone que en el pueblo existe un mayor nivel de comunicación interpersonal puesto que es habitual que los vecinos se saluden, se deseen un buen día y mantengan charlas con confianza.

Ventajas emociones de la vida en el pueblo

Menor sentimiento de soledad

El pueblo ofrece una buena calidad de vida, especialmente, para personas mayores que experimentan una mayor sensación de soledad en grandes ciudades. En el pueblo, existe un trato próximo entre vecinos que llegan a convertirse como en una especie de segunda familia. El pueblo también eleva la calidad de vida de los niños que comparten más tiempo de juegos en la calle con un mayor nivel de seguridad.

Ventajas emociones de la vida en el pueblo

Menos estrés

La vida en el pueblo resulta menos estresante que en una gran ciudad. Quienes viven en un entorno rural, pueden realizar sus desplazamientos caminando. Por tanto, de un modo natural se potencia un estilo de vida activo. Un mayor contacto con las zonas verdes. Los habitantes pueden respirar el aire puro del pueblo que tiene un menor índice de contaminación que en la ciudad.

Desde el punto de vista económico, la vida en el pueblo también puede suponer una menor dificultad para llegar a fin de mes al reducir gastos habituales en la ciudad, por ejemplo, el transporte urbano. Del mismo modo, el precio de la vivienda tanto en la opción de compra como en el alquiler, es más económico. Existen muchos pueblos que cuentan con una buena red de servicios. Y esto también incrementa la calidad de vida de sus habitantes que no tienen que desplazarse constantemente hasta la capital de la provincia para hacer los recados del día.

Muchas personas pasan sus fines de semana en el pueblo. Esto supone una desconexión respecto de la rutina para despedir la semana en un entorno tranquilo y relajado, que es una fuente natural antiestrés.