Verde de envidia
Cuando sentimos rabia por el éxito de otras personas o por lo que tienen y consiguen los demás y nos olvidamos de lo que tenemos nosotros estamos sufriendo envidia. Este sentimiento no es malo en sí, ya que es connatural al ser humano y todos, en mayor o menor medida lo hemos sentido alguna vez viendo que alguien ha logrado o posee lo que nosotros deseamos.

El problema se da cuando todos nuestros pensamientos y sentimientos están imbuidos por este sentimiento, hasta el punto de convertirse en una obsesión que nos impida alegrarnos tanto por nuestros propios éxitos como por los de los demás.

Según los expertos la envidia nace en los primeros años de vida, cuando los niños comienzan a relacionarse con los demás, cuando desea lo que tienen los otros niños o adultos y se enfada, patalea y tiene rabietas cuando no lo obtiene.

Dependiendo de cómo se conduzcan estos sentimientos, el niño puede desarrollar dos tipos de envidia. Una sana, que hace que la envidia que sentimos hacia los demás sea una motivación para nuestros deseos y una envidia negativa, que nos lleva a desear que el otro pierda lo que nosotros querríamos tener.

Es en este segundo caso cuando la envidia puede transformarse en un sentimiento destructivo, ya que aparecerán sentimientos como pena, rabia, enfado, impotencia, desprecio por nosotros mismos y hostilidad hacia los demás, hasta el punto de que se puede terminar por agredir a la persona que envidiamos o a realizar actos delictivos que nos lleven a conseguir de forma ilegal lo que envidiamos.

Para superarla deberemos saber manejar los sentimientos que nos provoca la envida, disfrutar de nuestros logros y aceptar nuestras limitaciones y enfocar nuestra vida hacia nosotros mismos y no hacia los demás.