Vivir sin angustia
La incertidumbre ante lo que puede ocurrirnos en el futuro, ya sea en nuestro trabajado, nuestra pareja, con nuestros hijos, amigos, etc., pueden llevarnos a vivir con una angustia casi constante, con una sensación de miedo que nos acompaña a todas partes, sintiéndonos tristes sin saber muy bien por qué.

No siempre somos conscientes de esta angustia, bien porque la negamos, creyendo que no podemos permitirnos sentirla, porque sólo las personas débiles se angustian. Otras veces no nos damos cuenta porque estamos tan acostumbrados a sentirla, que ya no diferenciamos cuando estamos angustiados y cuando no. Y muchas veces nos refugiamos en la creencia de que, si no le hacemos caso, la angustia desaparecerá.

Sin embargo, el resultado es el contrario: si no nos hacemos cargo de ella, la angustia va a más, invadiendo más y más ámbitos de nuestra vida.

Comenzamos a tener insomnio y pesadillas, no podemos concentrarnos en nada, nos duele la cabeza y, cuando la angustia alcanza cotas muy altas, terminamos sufriendo ataques de pánico.

Para evitar esto, lo primero que debemos hacer es reconocer que sentimos angustia, sin avergonzarnos por ello. Una vez que la hayamos reconocido, aunque parezca que aumenta un poco, tenemos en nuestra mano la llave para desactivarla.

A continuación deberemos analizar la veracidad de esa consecuencia que tememos, de forma realista y objetiva, con lo que nos daremos cuenta de que nuestros miedos no tienen base real. Una vez hecho esto, el siguiente paso será detener esos pensamientos, bien con técnicas como la parada de pensamiento o haciendo algo que absorba nuestra atención y que nos guste.

En este punto nos relajaremos, respirando profundamente, y haremos algo de ejercicio, ya sea andar, correr o bailar, el que queramos, para eliminar la angustia que haya podido quedar.
Haciendo esto de forma habitual notaremos como, poco a poco, logramos vivir sin angustia.